El problema que nos persigue

Los sistemas de pago cruzados entre Italia y Portugal siguen estancados, y la razón no es la tecnología, es la falta de voluntad política. Mientras Europa avanza con la digitalización, esos dos países parecen vivir en una burbuja aislada, sin entender que la interoperabilidad es la savia de la economía única.

¿Por qué la brecha es tan absurda?

En primer lugar, los marcos regulatorios son como puentes de madera: temen el peso del tráfico. Italia impone normas de seguridad que Portugal no comparte, y viceversa. Aquí el detalle: cada país tiene su propio esquema de certificación de terminales, y eso frena cualquier intento de conectar redes de pago.

Los costos ocultos

Los comerciantes pierden tiempo, dinero y clientes. Un turista italiano que llega a Lisboa y no puede usar su tarjeta de crédito italiana siente que la UE le niega la bienvenida. Por cada transacción fallida, se estima una pérdida de entre 2 y 5 euros, un número que se multiplica por millones de viajeros al año.

La solución que todos evitan

Aquí está la verdad: la interoperabilidad no necesita una nueva legislación, necesita una coordinación instantánea entre los reguladores. Un marco común de certificación, basado en estándares ISO, podría ser la llave maestra. Además, la adopción de APIs abiertas permitiría a los bancos compartir datos en tiempo real sin comprometer la seguridad.

Ejemplo práctico

Imagina una app que, con un solo clic, verifica la disponibilidad de fondos en cualquier banco italiano o portugués, usando la misma infraestructura que los pagos con tarjeta. Eso es interoperabilidad real, y no una promesa vacía.

El papel de la EuroPA

La EuroPA debe actuar como árbitro y catalizador. No basta con lanzar fondos; hay que imponer normas de compatibilidad. La directiva PSD2 ya abrió la puerta, pero su aplicación entre Italia y Portugal sigue siendo una sombra. Aquí es donde el comité de integración debe intervenir con fuerza.

El impulso del sector privado

Las fintech no pueden esperar a que los gobiernos se pongan de acuerdo. Algunas ya están creando soluciones híbridas que saltan de un país a otro, pero sin respaldo institucional se quedan en la periferia. Necesitamos que el sector privado y los reguladores firmen un pacto de interoperabilidad.

El llamado a la acción

Por lo tanto, la jugada final es simple: crear un foro bilateral Italia-Portugal bajo la égida de la EuroPA, con agenda clara, plazos estrictos y métricas de éxito. No hay tiempo para rodeos. Si la UE quiere demostrar que la integración es más que una palabra, debe cerrar la brecha hoy mismo. Aquí tienes el enlace que lo resume: interoperabilidad Italia Portugal EuroPA.

3